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¿Realmente pensamos en un idioma? Entrevista realizada a Frank Carrizo profesor de English in Action.

[/vc_column_text][vc_column_text] Cada vez que me encuentro en una reunión con gente que acaba de conocerme y se enteran de que soy profesor de inglés, me preguntan muchas cosas. Normalmente van en la línea de: «¿Cuál es la mejor academia para aprender?» o «¿Qué método me recomiendas para aprender más rápido?» y aunque me gustaría darles un lugar perfecto o una receta mágica, la reacción ante mi respuesta siempre deja a mis interlocutores con cierta decepción, después de hacerles entender que, aunque hay academias de idiomas mejores que otras, debes buscar el centro de inglés que más se adapte a tus necesidades, y que el único método efectivo para aprender cualquier cosa en la vida es una motivación de acero y trabajo constante. Es ahí cuando el razonamiento se vuelve más interesante, ya que muchos me suelen decir: «es que a mi me cuesta el inglés porque sigo pensando en español». [/vc_column_text][vc_column_text]

Pero ¿es cierto eso de que «pensamos» en un idioma u otro?

[/vc_column_text][vc_column_text] La idea parece lógica. Si pienso en mis planes para el fin de semana, lo más probable es que me vengan a la cabeza palabras o frases como: sábado, domingo, descansar, ver televisión o leer un poco. Si pensamos en un animal grande, pesado, con orejas grandes, con una trompa y colmillos de marfil, seguro que nos llega la palabra «elefante». Igualmente, si un hablante de inglés hiciese el mismo ejercicio mental, la palabra sería elephant, ¿cierto? Ahora bien, hagamos un ejercicio más complejo de responder. Si la persona es bilingüe (inglés – español) ¿qué palabra le llegaría primero? ¿Elephant o elefante?. [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/6″][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]

En esas conversaciones que comentaba al principio, mi condición de bilingüe despierta muchas más interrogantes sobre el mismo tema: «¿en qué idioma piensas?», «si estás hablando en español y, sin esperarlo, alguien te hace una pregunta en inglés, ¿necesitas tiempo para reaccionar?».

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text] Para poner orden y responder a todas esas cuestiones, lo primero que debemos hacer es derrumbar algunas ideas preconcebidas con respecto a la adquisición y aprendizaje de la lengua. Las áreas que se encargan de estudiar estas cosas son, principalmente, la psicolingüística y la psicología cognitiva, entre otras disciplinan que también pueden tener cierto solapamiento. Uno de los científicos más destacados ha sido el canadiense Steven Pinker. En su libro, «El instinto del Lenguaje», nos habla sobre lo que él llama «el mentalés», que viene siendo el lenguaje del cerebro. En pocas palabras: todo proceso cognitivo, es decir, pensamiento, se genera en nuestro cerebro de manera abstracta. Este está representado por imágenes visuales y auditivas que van acompañadas de evocaciones emocionales. Mientras se realiza este proceso, no existe un idioma que los represente, ya que son solo eso: imágenes y emociones. Solo cuando queremos transmitir tales pensamientos hacia otra persona es cuando hacemos uso de la lengua que entendemos, como vehículo para hacer llegar el mensaje. [/vc_column_text][vc_column_text] Existen varios fenómenos que parecen corroborar esta idea. El primero de estos es el estudiado por el psicólogo estadounidense, William James, y que se llama «en la punta de la lengua» o PDL (Tip of the tongue o TOT en inglés). A todos nos ha ocurrido; tenemos la idea en la cabeza, pero no recordamos las palabras. El segundo fenómeno, al que yo suelo llamar «no era lo que quise decir», es cuando no encontramos las palabras adecuadas para expresar una idea, y terminamos diciendo algo ambiguo o incomprensible para nuestros interlocutores. ¿Cuántas veces te has sentido frustrado de que por más que intentas explicar algo, las palabras no expresan lo que realmente piensas? Por lo tanto, está más que claro que no necesitamos de un idioma para pensar. [/vc_column_text][vc_column_text] Esto tiene implicaciones muy importantes al momento de aprender una segunda lengua. Muchas veces nos colocamos barreras de aprendizaje – como la de que «tengo que traducir todo» – que nos quita esa motivación necesaria para poder decir que al fin hablamos otro idioma. Es normal que cuando empiezas a aprender inglés, tu cerebro necesita realizar un proceso que puede ser agotador para muchos, ya que primero se debe «traducir» desde el inglés hacia el español, para que luego el español le diga al «mentalés» – ese que nos menciona Pinker – cuál es la imagen mental o emoción que debemos asociar con ese nuevo concepto que nos vino del inglés. Pero una vez que el cerebro ha realizado esa tarea muchas veces, se hace cada vez más experto, hasta el punto de que cuando leas la palabra dog, el cerebro no la asociará con «perro», sino que lo hará directamente con la imagen mental de un precioso labrador. Por eso, en mis clases en English in Action trato siempre, entre otras cosas, de concienciar al alumno en la importancia de identificar nombres, verbos, frases y expresiones con imágenes visuales, auditivas o emocionales que pasen por encima de la traducción y que ayuden al alumno a recordar lo que aprende con mayor facilidad. [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/4″][vc_gallery type=»slick_slider» images=»4190″ img_size=»medium»][vc_column_text]

Frank Carrizo – English Teacher

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»3/4″][vc_column_text] Ahora, lograr esa «respuesta automática» que no requiere una traducción se puede hacer de muchas maneras. Unos prefieren estudiar en una academia de inglés, otros lo complementan con ver series y películas en versión original. Los más osados deciden pasar estadías en países de habla inglesa o se buscan nuevas amistades en su propio país que dominen la lengua de Shakespeare. Es obvio que comencemos en edades más tempranas, mayor tiempo (y menores preocupaciones que te distraigan) tendrás para lograr tu objetivo de comunicarte en inglés. Pero incluso, si ya tienes una edad, lo único que necesitas es exactamente lo que decía al principio de este artículo: motivación y constancia. [/vc_column_text][vc_column_text] El objetivo final es que te expongas al idioma de manera constante y trates de vivir experiencias a través de él, creando nuevos recuerdos que formen parte de tu vida y que te ayuden a no temerle tanto a la «gramática» que tanto miedo infunde. Después de todo, ni siquiera dominamos la gramática de nuestro idioma materno al cien por ciento. Así que, ¡Anímate!. [/vc_column_text][vc_column_text]

Escucha la entrevista en el programa de radio Diverpapis de Radio Sol XXI

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